5.5.08

Que qué grata tu presencia, qué grata, le dijo al anciano el bestial individuo de la mazmorra más pesada y más de piedra del castillo. El anciano, que estaba como muerto desde siempre, que no contesta nunca a tales simbólicas actuaciones de las criaturas encerradas, abre, nauseabundo, la salida. Vomita la sangre que se le descoagula en el estómago, como el fénix recomienda, se ha de vivir en la ventura y morir en el incesto, y el anciano vomitado se desnuda, vacía sus tripas, a grandes arcadas. La criatura gime de placer bestial, fascinado por el espectáculo. Entonces rompe de a tirones las cadenas y el alarido muestra que la desaparición del anciano, hecho, que la huida del animal, hecho.
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