10.1.11

adiós

tutú marambá fue el nombre de mi primer libro preferido. contenía dibujos, poemas y algunas letras que después conocí en canciones. estaba escrito por la genial maría elena walsh, que hoy se fue a vivir definitivamente a algún otro reino. me había aprendido muchos de los poemas de memoria y a algunos les había inventado una musicalidad propia, ahora me parecen cortitos pero en ese momento era como si tuviese en mi cabeza todo el conocimiento del mundo. los dejo en presencia de algunas de esas palabras mágicas.





Nada más

Con esta moneda
me voy a comprar
un ramo de cielo
y un metro de mar,
un pico de estrella,
un sol de verdad,
un kilo de viento,
y nada más.

Canción tonta

¡Tilín, tilín, tilín!
El gato y el violín.

La vaca vacuna
se trepa a la luna.

La oveja está sola
con traje de cola.

A la flor canela
le duele la muela.

¡Talán, talán, talán!
Yo soy el capitán.




Canción del pescador

Pez de platino,
fino, fino,
ven a dormir en mi gorro marino.

Perla del día,
fría, fría,
ven a caer en mi bota vacía.

Un delfín
que toque el violín
voy a pescar con mi red marinera,
y me espera
para bailar,
loca de risa, la espuma del mar.

Feo cangrejo,
viejo, viejo,
ven a mirarte el perfil en mi espejo.

Flaca sirena,
buena, buena,
ven a encantar mi palacio de arena.

Señora foca,
loca, loca,
venga a tocar el tambor en la roca.

Pícara ola,
sola, sola,
ven a jugar con tu traje de cola.



Canción de bañar la luna

Ya la Luna baja
en camisón
a bañarse en un charquito
con jabón.

Ya la Luna
baja en tobogán
revoleando su sombrilla
de azafrán.

Quien la pesque
con una cañita de bambú,
se la lleva
a Siu Kiu.

Ya la Luna
viene en palanquín
a robar un crisantemo
del jardín.

Ya la Luna
viene por allí.
Su kimono dice: No, no;
y ella: Sí.

Ya la Luna
baja muy feliz,
a empolvarse con azúcar
la nariz.

Ya la Luna,
en puntas de pie,
en una tacita china
toma té.

Ya la Luna
vino y le dio tos
por comer con dos palitos
el arroz.

Ya la Luna
baja desde allá
y por el charquito Kito
nadará.


las ilustraciones son de otro grande, pedro vilar, al que muchos niños de mi generación (y de muchas otras) habrán agradecido sus maravillosos trazos.

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