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31.7.11

amar, temer, dormir

sueño profundo - b. yoshimoto

me encanta la capacidad de banana, que viene en este libro de las raíces profundas del rizoma de kawabata, de relacionar a sus personajes con la naturaleza. de entablar relaciones causales espontáneas que no son tan simples ni aceptables en el mundo normal, pero que no cuestionaríamos. y todo en ese universo dulzón (pero no edulcorado), calentito y suave como las mañanas de domingo en la cama. o las noches de sábado que nos tientan al sueño profundo.

"En cualquier caso, el simple hecho de estar junto a él me provocaba una terrible sensación de soledad. ¿Por qué sería? Yo siempre estaba un poco triste, acosada por la añoranza de la luna que brillaba en la lejanía mientras me iba hundiendo eternamente en lo más hondo de la noche azul y me teñía de azul hasta la punta de las uñas.
Cuando estaba con él me convertía en una mujer sin palabras."

"La primera vez que quedamos era pleno invierno. Fuimos a la playa en coche. El domingo después que yo hubiese dejado mi trabajo de media jornada, él me propuso una cita. Había sido mi jefe y yo sabía que estaba casado. Fue un día muy, muy largo. Ahora puedo sentir que, aquel día, ya había empezado a producirse en mí una gran transformación. En algún momento de aquel día, yo dejé atrás a la chica saludable que había sido. En realidad, nada cambió, pero, o lo largo de las horas, la corriente de algún destino enorme y oscuro, irresistible, empezó a arrastrarnos a ambos. Y no me refiero simplemente a la energía sexual del amor, sino a una corriente inmensa, terriblemente triste, contra la cual nada podía la unión de nuestras fuerzas.
Con todo, yo entonces todavía estaba contenta, llena de vida; ni siquiera nos habíamos besado y ya lo amaba más que a nada en el mundo. ël conducía el coche a lo largo de la línea de la costa: el mar era hermoso y yo sentía cómo, al compás de los destellos que titilaban en las olas, una gran energía se vertía resplandeciente dentro de mí, y yo era feliz."



no hard feelings - 2011 - d. salle

5.4.11

zazen o la forma de trabajo de Beppo Barrendero

momo - m. ende

Beppo Barrendero, amigo entrañable de la bella Momo.

El viejo se llamaba Beppo Barrendero. Seguro que, en realidad, tendría otro apellido, pero como era barrendero de profesión y todos le llamaban así, él también decía que ese era su nombre. [...]
Le gustaba su trabajo y lo hacía bien. Sabía que era un trabajo muy necesario.
Cuando barría las calles, lo hacía despaciosamente, pero con constancia; a cada paso una inspiración y a cada inspiración una barrida. Paso - inspiración - barrida. Paso - inspiración - barrida. De vez en cuando se paraba un momento y miraba pensativamente ante sí. Después proseguía. Paso - inspiración - barrida. [...]
-Las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga que nunca crees que podrás acabarla. [...] Y, entonces, te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer. [...] Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca más que en lo siguiente.-


Y acá les presento a los malos:

21.1.11

señor pájaro-que-da-cuerda

crónica del pájaro que da cuerda al mundo - h. murakami

yo no creía en los best-sellers, hasta que conocí a Murakami. aunque, después de conocerlo más a fondo, me di cuenta de que es el lobo en la piel del carnero. atrás de la aparencia inocente del boom literario se oculta una esencia sutil y perfumada que casi traiciona a esa primera careta de la portada del libro. los acerco al libro que tengo hoy entre las manos, adictivo como ninguno y profundo como pocos: crónica del pájaro que da cuerda al mundo



"Saqué las cartas al jardín, las rocié con aceite y eché una cerilla para prenderles fuego. Las cajas ardieron entre vivas llamaradas, pero el contenido tardó en quemarse más de lo que imaginaba. {...} Era una cálida mañana de verano que anunciaba una tarde tórrida. La camiseta, empapada de sudor, se adhería a mi cuerpo. En una vieja novela rusa, las cartas servirían para alimentar el fuego en una noche de invierno. Jamás para arder en el jardín, rociadas con aceite, una mañana de verano. Pero en la sórdida realidad del mundo en que vivimos, personas empapadas en sudor queman cartas por la mañana, y en verano. En este mundo, uno no puede guiarse por sus preferencias. Hay cosas que no pueden esperar hasta el invierno."

26.6.10

confesiones de una máscara - yukio mishima
(fragmento)

Pero pasó un año y despertamos. Descubrimos que ya no vivíamos en el cuarto de los niños, sino que éramos inquilinos de un edificio para adultos, en el que si una puerta no se abría totalmente era preciso repararla cuanto antes. Nuestra relación era precisamente esa puerta, una puerta que no se podía abrir más que hasta cierto punto, por lo que, sin duda, tendría que ser reparada tarde o temprano. Además, tampoco cabía olvidar que los adultos no soportan los monótonos juegos que hacen las delicias de los niños. Aquellos numerosos encuentros que examinamos detenidamente no eran más que realidades vaciadas en un mismo molde, como una baraja de naipes, en la que cada naipe coincide al milímetro con el perímetro de cualquier otro naipe de la baraja.


abrazo - hosoe eikoh

25.5.10

haiku: experiencia de la intemperie

El tránsito del poeta poeta del haiku se da a través del tiempo y el espacio. Vive en el camino cada estación y cada lugar, dejándose impactar por el viaje. Este constante devenir que provoca el nomadismo se traduce en el concepto de impermanencia. Al trasladarse siempre, hay poco que se pueda asir y mucho para experimentar.
La impermanencia produce el puro presente, la ausencia de rutina lo refuerza. Creo que en esto radica la importancia del camino en el haiku y cómo este caminar lleva a una construcción de sentido en lo que respecta al cambio, a la aceptación y a la atención de esas mutaciones.
El poeta del haiku vivirá en el instante: reaccionará a un instante de claridad, escribirá en un instante de espontaneidad, plasmando lo que ante sus ojos es simple e inequívoco, lo que la naturaleza le pone en frente, lo que él observa desde su perspectiva atenta.

Unos haikus que me gustan (traducciones de Alberto Silva):

Meterse dentro del ciruelo
a base de cariño,
a base de olfato

Onitsura


Abre el oído,
somételo
al silencio de las flores

Onitsura


La rana
nada segura
nada

Buson


Arando el campo
se limpia los mocos
con flores de ciruelo

Issa


Desnudo yo,
desnudo mi caballo,
en la tarde,
en el chubasco

Issa


Ni la risa del niño
impide que sucumba
el sol de otoño

Issa

12.11.09

otomo yoshihide full screen

kikoe - iwai chikara - 2009


si presionas un botón en el reloj, el tiempo se detiene


nos recibe la voz del director: "éste es un documento sobre un sistema observado desde un punto fijo y ese punto es el músico otomo yoshihide. es un gesto, arbitrario auqnue perfecto, similar a la acción de unir estrellas con líneas y darle un nombre a la constelación". y ahí mismo ya quedo fija a la butaca.
siendo una película que podría no querer ver nadie por el público reducido al que parecería estar dirigida sólo vi a una persona moviéndose en la sala y no para irse sino para acercarse más a la pantalla y a los parlantes del frente.
quedé sorprendida muy gratamente por este supuesto documental sobre el músico otomo yoshihide. resultó ser un amable recorrido por shows, entrevistas y la vida en sí misma. me encontré con una puerta abierta de par en par -iba preparada para encontrarme con un mundo que creía áspero y confuso- a reflexiones sencillas y por eso profundas... sobre el tiempo, el silencio, la luz, las estrellas. una puerta realmente abierta a nosotros, los sentados en la sala: "ustedes son parte de la atmósfera, pueden cambiar la atmósfera".
todo eso entre músicos manipuladores de algo así como la anatomía del sonido, con todos sus cableados ruidosos arriba de escenarios pequeños, dándonos unos instantes de no tiempo y de silencio sonoro.
un documental humanísimo, hermosamente pincelado con canciones de amor ("cariño, no me preguntes si soy infeliz, no sé mentir") que se impregnan a las escenas del río, de leños haciéndose ceniza y a las entrevistas amenas, domésticas, con un humor para sonreir (no reír, como otomo nos dice: "y no se rían, esto no es new york!").



dejo el primer trailer.
y la página oficial (ahí está el segundo trailer):
www.kikoe-otomo.com



un merecido y sobrio aplauso.
para verla solo y con la cabeza en blanco.
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