momo - m. ende
"-Ve sola, Casiopea- dijo en voz baja-, yo no puedo más.
Es muy cerca, ponía en la espalda de Casiopea. Momo lo leyó y se volvió, asombrada. Poco a poco se dio cuenta de que estaba en aquel barrio mísero y como desierto {...}. Si era así, acaso podría llegar todavía hasta la calle de Jamás y a la Casa de Ninguna Parte.
-Está bien- dijo Momo-, voy contigo. ¿Pero no podría llevarte, para ir un poco más a prisa?
No, ponía en el caparazón de Casiopea.
-¿Por qué tienes que arrastrarte tú misma?- preguntó Momo.
A eso vino la enigmática respuesta: El camino está en mí.
Con esto la tortuga se puso en marcha y Momo la siguió, poco a poco y pasito a pasito."
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21.4.11
5.4.11
zazen o la forma de trabajo de Beppo Barrendero
momo - m. ende
Beppo Barrendero, amigo entrañable de la bella Momo.
El viejo se llamaba Beppo Barrendero. Seguro que, en realidad, tendría otro apellido, pero como era barrendero de profesión y todos le llamaban así, él también decía que ese era su nombre. [...]
Le gustaba su trabajo y lo hacía bien. Sabía que era un trabajo muy necesario.
Cuando barría las calles, lo hacía despaciosamente, pero con constancia; a cada paso una inspiración y a cada inspiración una barrida. Paso - inspiración - barrida. Paso - inspiración - barrida. De vez en cuando se paraba un momento y miraba pensativamente ante sí. Después proseguía. Paso - inspiración - barrida. [...]
-Las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga que nunca crees que podrás acabarla. [...] Y, entonces, te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer. [...] Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca más que en lo siguiente.-
Y acá les presento a los malos:
Beppo Barrendero, amigo entrañable de la bella Momo.
El viejo se llamaba Beppo Barrendero. Seguro que, en realidad, tendría otro apellido, pero como era barrendero de profesión y todos le llamaban así, él también decía que ese era su nombre. [...]
Le gustaba su trabajo y lo hacía bien. Sabía que era un trabajo muy necesario.
Cuando barría las calles, lo hacía despaciosamente, pero con constancia; a cada paso una inspiración y a cada inspiración una barrida. Paso - inspiración - barrida. Paso - inspiración - barrida. De vez en cuando se paraba un momento y miraba pensativamente ante sí. Después proseguía. Paso - inspiración - barrida. [...]
-Las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga que nunca crees que podrás acabarla. [...] Y, entonces, te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer. [...] Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca más que en lo siguiente.-
Y acá les presento a los malos:
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21.1.11
señor pájaro-que-da-cuerda
crónica del pájaro que da cuerda al mundo - h. murakami
yo no creía en los best-sellers, hasta que conocí a Murakami. aunque, después de conocerlo más a fondo, me di cuenta de que es el lobo en la piel del carnero. atrás de la aparencia inocente del boom literario se oculta una esencia sutil y perfumada que casi traiciona a esa primera careta de la portada del libro. los acerco al libro que tengo hoy entre las manos, adictivo como ninguno y profundo como pocos: crónica del pájaro que da cuerda al mundo

"Saqué las cartas al jardín, las rocié con aceite y eché una cerilla para prenderles fuego. Las cajas ardieron entre vivas llamaradas, pero el contenido tardó en quemarse más de lo que imaginaba. {...} Era una cálida mañana de verano que anunciaba una tarde tórrida. La camiseta, empapada de sudor, se adhería a mi cuerpo. En una vieja novela rusa, las cartas servirían para alimentar el fuego en una noche de invierno. Jamás para arder en el jardín, rociadas con aceite, una mañana de verano. Pero en la sórdida realidad del mundo en que vivimos, personas empapadas en sudor queman cartas por la mañana, y en verano. En este mundo, uno no puede guiarse por sus preferencias. Hay cosas que no pueden esperar hasta el invierno."
yo no creía en los best-sellers, hasta que conocí a Murakami. aunque, después de conocerlo más a fondo, me di cuenta de que es el lobo en la piel del carnero. atrás de la aparencia inocente del boom literario se oculta una esencia sutil y perfumada que casi traiciona a esa primera careta de la portada del libro. los acerco al libro que tengo hoy entre las manos, adictivo como ninguno y profundo como pocos: crónica del pájaro que da cuerda al mundo

"Saqué las cartas al jardín, las rocié con aceite y eché una cerilla para prenderles fuego. Las cajas ardieron entre vivas llamaradas, pero el contenido tardó en quemarse más de lo que imaginaba. {...} Era una cálida mañana de verano que anunciaba una tarde tórrida. La camiseta, empapada de sudor, se adhería a mi cuerpo. En una vieja novela rusa, las cartas servirían para alimentar el fuego en una noche de invierno. Jamás para arder en el jardín, rociadas con aceite, una mañana de verano. Pero en la sórdida realidad del mundo en que vivimos, personas empapadas en sudor queman cartas por la mañana, y en verano. En este mundo, uno no puede guiarse por sus preferencias. Hay cosas que no pueden esperar hasta el invierno."
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29.10.09
el vacío es tu casa,
se dicen los unos a los otros y lo único que resuena es un bocinazo en la calle.
mis experiencias en meditación se fueron volviendo un hermoso refugio dentro del bosque de lo cotidiano, siempre teñido por emociones más fuertes, más duras o menos atendidas. gracias a estos momentos me siento más capaz de moverme en el día a día escuchando al que toca bocina pero sin juzgarlo.
gracias a todos mis compañeros de yoga y meditación.
se dicen los unos a los otros y lo único que resuena es un bocinazo en la calle.
mis experiencias en meditación se fueron volviendo un hermoso refugio dentro del bosque de lo cotidiano, siempre teñido por emociones más fuertes, más duras o menos atendidas. gracias a estos momentos me siento más capaz de moverme en el día a día escuchando al que toca bocina pero sin juzgarlo.
gracias a todos mis compañeros de yoga y meditación.

Látigo, rienda, buey y hombre pertenecen igualmente al vacío.
Tan basto e infinito es el cielo azul que no hay concepto
de linaje alguno capaz de llegar a él.
El copo de nieve no puede vivir sobre una hoguera crepitante.
Cuando se realiza este estado de mente,
se llega a comprender por fin
el espíritu de los antigüos patriarcas.
de un post hermoso en. "http://wwwhojasdehierba.blogspot.com"
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